Conocé cómo una mordedura de serpiente en Florida obligó a autorizar un vuelo excepcional para trasladar antiveneno desde California tras el 9/11.
Durante los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, un hombre en Florida vivió su propio calvario al ser mordido por una serpiente de una especie considerada como la más venenosa del mundo. Debido a que el espacio aéreo estadounidense estaba clausurado, las autoridades tuvieron que coordinar un vuelo de emergencia excepcional para transportar el antídoto desde California.
Apenas ocurrió el atentado terrorista, un equipo de bomberos de Miami-Dade estaba listo para trasladarse a Nueva York para participar del operativo de búsqueda y rescate cuando un incidente aislado interrumpió sus planes. Lawrence Van Sertima, un experto en manejo de serpientes de 62 años, había sido mordido en el pulgar mientras intentaba atrapar en una jaula a una taipán del interior (en inglés, inland taipan).

La especie, oriunda de Australia, es considerada por muchos expertos como la que tiene el veneno más tóxico del planeta. Inmediatamente después de ser mordido, Van Sertima perdió el conocimiento y comenzó a sangrar por los ojos, los oídos y las encías, según relataron testigos al medio The Washington Post.
El sangrado se debió a que el veneno alteró la coagulación sanguínea y atacó su sistema nervioso. A su vez, el hombre necesitó un respirador artificial para evitar la insuficiencia respiratoria.
El capitán de bomberos de Miami-Dade, Al Cruz, le administró inicialmente viales de antiveneno general para ganar algo de tiempo. Sin embargo, para sobrevivir, el paciente necesitaba urgentemente un antídoto específico.
Mientras Van Sertima luchaba por su vida en el hospital Baptist Health de Florida, los bomberos comenzaron a diagramar los operativos para recoger el antídoto. Solo dos zoológicos en el país contaban con existencias: el Zoológico del Bronx (descartado de inmediato por encontrarse en el epicentro de la tragedia en Nueva York) y el Zoológico de San Diego, en California.
“Nos miramos el uno al otro y dijimos: ‘¿El Bronx? ¡Imposible!’. Éramos muy conscientes de lo que estaba sucediendo allí“, explicó Johnny Delgado -supervisor del servicio de ambulancia aérea de Baptist Health- en alusión al atentado contra las torres gemelas. Debido a los ataques terroristas, todos los aviones comerciales y privados del país tenían prohibido volar.
La noche se cernió sobre Florida y los trabajadores continuaban en su intensiva tarea de intentar conseguir el permiso para que un avión despegara cuando Delgado contactó a un funcionario de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) para solicitar una autorización excepcional de vida o muerte.
Según explicó a Washington Post, Delgado conocía a un miembro de la FAA por su trabajo como miembro de la junta directiva de la Asociación de Servicios Médicos Aéreos. “Este hombre va a morir si no le damos la medicina”, le dijo a su contacto para remarcar la importancia de la solicitud.
Horas más tarde, llegó el mensaje más esperado por los trabajadores sanitarios. El gobierno federal aprobó la misión con la condición de que el vuelo se realizara únicamente durante el día.
Al amanecer del 12 de septiembre de 2001, un jet privado despegó de Fort Lauderdale rumbo a San Diego. Allí, la Policía del Puerto de San Diego entregó el antídoto proveniente del zoológico dentro de una pequeña hielera roja de la marca Igloo. Los pilotos describieron el viaje de regreso como “sumamente extraño” y sobrecogedor debido a la total ausencia de tráfico aéreo y de radio en todo el país.
Esa misma tarde, el jet aterrizó en Miami, donde un helicóptero médico ya esperaba el antídoto para trasladarlo de inmediato al hospital. Tras recibir las dosis en la unidad de cuidados intensivos, Van Sertima logró recuperarse.
Apenas dos días después de la peripecia para conseguir el antídoto que salvó su vida, Van Sertima apareció en televisión nacional en el programa The Early Show de CBS. Lejos de mostrar rencor, defendió a la serpiente y argumentó que el animal no había hecho nada malo, sino que él había cometido un error de manejo.
“Llevo manipulando serpientes mucho más de 40 años. Esta vez, en algún momento, no sujeté bien la serpiente”, relató. En esa línea, dejó una nota por escrito para pedir que el taipán no fuera sacrificado y asumió toda la responsabilidad.
“La serpiente no hizo nada malo. Se comportó como debe comportarse una serpiente. Si yo hubiera estado a cargo y algo hubiera salido mal, la culpa habría sido mía, no del animal. Así que no hay justicia en matar al animal”, resaltó.
Luego del incidente, Van Sertima se mudó a Carolina del Sur con su esposa Cleo, quien falleció a finales de 2023. De acuerdo con el informe, llevó una vida tranquila dedicada a la conservación y al manejo de una instalación de crianza de roedores que abastecía de ratas a negocios de reptiles, y falleció en marzo de 2024 a los 84 años.
En sus últimos años de vida, lamentaba con humor que su único error en décadas de impecable trayectoria fuera lo que lo hizo famoso. Sin embargo, siempre manifestó una profunda gratitud hacia los rescatistas que “movieron el cielo y la tierra” para salvarlo.
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