Siete meses después de la muerte de su hija Tatiana, de 35 años, Caroline Kennedy retoma su agenda pública
De a poco, Caroline Kennedy (68) resurge entre las cenizas. Siete meses después de hacerle frente a la última tragedia de su vida –la muerte de su hija Tatiana, de 35 años, el 30 de diciembre de 2025, a causa de una leucemia mieloide aguda–, la primogénita de John F. Kennedy y Jackie Bouvier está retomando su agenda regida por la política y el firme compromiso con el servicio público, al igual que muchos miembros de su familia. A fines de marzo, hizo su primera aparición pública tras el funeral de Tatiana, celebrado el 5 de enero en la iglesia de San Ignacio de Loyola, en Nueva York: brindó una entrevista junto con su marido, Edwin Schlossberg (80), en Sunday Morning, de CBS, para apoyar a su hijo menor, Jack, que se postulaba para una banca en el Congreso por el distrito 12 de Nueva York. Un mes después asistió a la gala anual de The King’s Trust Global, una recepción a la que concurrieron los reyes Carlos III y Camilla de Inglaterra y que se realizó en Christie’s, Nueva York. Experta desde chica en esquivar fotógrafos, ninguno de los que la esperaban en Rockefeller Plaza logró retratarla.

A principios de mayo, sí se viralizó una foto suya: con outfit deportivo, posó sonriente junto con Jack en Manhattan. Y, a fines de ese mismo mes, lideró una ceremonia en la Biblioteca Presidencial JFK, en Boston. Ante unas seiscientas personas y acompañada por familiares y amigos, Caroline destacó el trabajo que su hijo menor realiza para mantener vivo el legado de JFK y le agradeció haber contribuido a que mucha gente volviera a confiar en la política. Emocionada, también recordó a su hija Tatiana, que había formado parte del consejo de administración de la biblioteca y que, según dijo, “representó todo aquello en lo que creían mis padres a lo largo de su maravillosa, extraordinaria y demasiado breve vida”. Entre aplausos, Caroline entregó la edición 2026 del John F. Kennedy Profile in Courage, el premio que ella creó en 1989 y que está inspirado en el libro con el que su padre ganó el Pulitzer en 1957. La distinción –marcó Caroline– busca honrar “la cualidad de la vida pública que mi padre consideraba más esencial: el coraje”.

Antes de consignar que tiene un título en Bellas Artes por la Universidad de Harvard, que estudió Derecho en la Universidad de Columbia o que se ha dedicado por décadas a la política, al servicio público y a la carrera diplomática, las enciclopedias presentan a Caroline Bouvier Kennedy como “figura pública”.

Desde que nació, el 27 de noviembre de 1957 en Nueva York, la vida de la hija de Jacqueline Lee Bouvier y de John Fitzgerald Kennedy ha estado en la mira pública. “Si los Kennedy fueran la realeza norteamericana, Caroline sería la princesa”, se ha dicho más de una vez. Y, a pesar de que Jackie, como primera dama, cuidó con celo la intimidad de sus hijos, toda una generación vio crecer a “la princesa” a través de fotos en blanco y negro: corriendo, feliz, en el jardín de la casa de Palm Beach en 1961; con la sorpresa en los ojos cuando nació su hermano John JR en 1960; montando en el jardín de la Casa Blanca a Macaroni, el pony que le había regalado Lyndon B. Johnson, vicepresidente de su padre; o las de noviembre del fatídico 1963, cuando los fotógrafos la retrataron en el Capitolio, en el funeral de su padre, aferrada a la mano de su madre Jackie, envuelta en un luto tan riguroso como cargado de dignidad. En esa foto, Caroline tiene 5 años, una vincha mantiene a raya su pelo corto, un blazer celeste pastel a tono con el de su hermano John-John y un gesto estoico que, quizás, la defina para siempre: frente a una de las mayores tragedias políticas y sociales de su tiempo y frente a su propio trauma, está de pie, mirando hacia adelante.


Así les ha hecho frente a todas las pérdidas familiares que marcaron su vida: la de su tío Robert F. “Bobby” Kennedy, asesinado en 1968; la de su mamá, en 1994, por un linfoma no Hodgkin; la de su hermano John-John y su cuñada Carolyn Bessette en un accidente aéreo en 1999; y la de su segunda hija, Tatiana, en diciembre de 2025.
En las últimas décadas, el estilo de la ex primera hija ha ocupado páginas y páginas en diarios y revistas. En su vestidor se destacan prendas sobrias y tapados de líneas clásicas para caminar por las calles de Nueva York y, para los eventos puntuales a los que asiste, prendas de líneas sentadoras, ya sea con colores neutros e, incluso, con lunares, un print con el que Jackie marcó una era.


Jackie tuvo muchísimo que ver, incluso, en el traje de novia que su hija eligió cuando se casó, en 1986, con Edwin Arthur Schlossberg, artista y diseñador, doce años mayor que ella. La huella de Jackie no sólo estuvo en el vestido. Dicen que la ex primera dama fue quien ofició de celestina en una relación donde el arte, la intelectualidad y la cultura encendieron la chispa. Jackie conocía a Schlossberg desde principios de los 80 [Jackie, como editora en Doubleday, lo convocó para la realización de un libro] y, por entonces, Caroline trabajaba en el Museo Metropolitano de Nueva York (MET).

Las cuatro décadas de matrimonio de Caroline y Edwin tienen como hilo conductor la estabilidad, la complicidad y el bajo perfil. Tuvieron tres hijos: Rose, Tatiana y John, al que llaman Jack. Caroline no sólo es extremadamente reservada, sino que rara vez aparece en eventos junto con su marido.


“No logro entender cómo tiene toda esa energía. Pero la tiene. De alguna manera, siempre encuentra la fuerza”, dijo en una entrevista que brindó a la revista People Jack Schlossberg, refiriéndose a su madre, quien, desde hace meses, se mudó junto con su marido Ed al departamento de Park Avenue de su hija Tatiana y de su marido, el urólogo George Moran. La razón: ayudar al viudo a criar a Edwin (4) y Josephine (2). “Mis padres son abuelos, pero ahora son como padres primerizos [...]. Se lo están tomando con mucha calma, pero, sobre todo, cuidan a los chicos”, confesó.

En pleno duelo y mientras apuntalaba la campaña de Jack y seguía de cerca a Rose, su primogénita, que le donó células madre a Tatiana durante su enfermedad, Caroline ha alzado, calmado, bañado y cambiado los pañales de Josie, su nieta más chica. Y, al mismo tiempo, ha asumido una tarea mayor: que sus nietos crezcan sabiendo quién fue su madre, un temor que Tatiana había confesado en A Battle with My Blood, un texto publicado en The New Yorker. “[Caroline] tiene que asumir el mismo rol que su madre cumplió con ella y con su hermano John”, dijo a Page Six un amigo de la familia haciendo referencia a la labor que Jackie llevó adelante desde que se quedó viuda de JFK: frente a la pérdida, juntar los pedazos y reconstruir el sentido; sostener a los hijos y mantener viva la memoria para las nuevas generaciones. Eso hacen los que sobreviven. Eso hace Caroline.


Se trató de un temblor moderado con epicentro un kilómetro al suroeste de Otura y a una profundidad de 10 kilómetros; hasta el momento no se registraron víctimas fatales
2026-08-15 07:00:31
© Expo Funes . All Rights Reserved – Desarrollo QueStreaming.com