La clausura de la cava municipal de Funes dejó sin destino de descarga a volquetes y camiones, y desató una crisis operativa por la falta de planificación alternativa para el tratamiento de residuos. El municipio busca soluciones de urgencia, mientras crecen los costos y la incertidumbre.
La clausura de la cava utilizada durante años por el Municipio de Funes expuso mucho más que un problema ambiental: dejó al descubierto la falta de planificación oficial para el tratamiento de residuos y abrió una crisis operativa que hoy impacta de lleno en la ciudad.
Con el predio ubicado detrás de Damfield fuera de funcionamiento por decisión judicial y bajo fuertes cuestionamientos del Ministerio de Ambiente de Santa Fe, la gestión local se quedó sin un lugar donde descargar diariamente toneladas de restos verdes, tierra y escombros.
La situación afecta de manera directa a unas 14 empresas de volquetes que trabajan en Funes y que cuentan con más de 100 unidades operativas. A eso se suman cerca de 60 camiones municipales utilizados para tareas de poda, limpieza y mantenimiento urbano. Todos quedaron, prácticamente de un día para otro, sin destino de descarga.
El problema golpea en un momento políticamente sensible. Mientras el intendente Roly Santacroce permanece de licencia, la crisis quedó en manos del intendente interino Carlos Olmedo, que debió asumir con una de las situaciones más complejas que atraviesa actualmente el municipio.
Detrás del conflicto aparece una pregunta incómoda: cómo durante años funcionó un predio que, según confirmó la propia Provincia, nunca contó con autorización para la disposición de residuos.
El informe del Ministerio de Ambiente fue contundente. Allí se asegura que no existían habilitaciones provinciales para operar la cava y se detallan actuaciones administrativas y denuncias penales vinculadas a la actividad desarrollada en el lugar. La clausura no solo encendió alarmas ambientales, sino que además dejó al descubierto la ausencia de un plan alternativo por parte del Ejecutivo local.
Ahora, con la cava cerrada, el municipio busca contrarreloj soluciones improvisadas. Una de las opciones que se analiza es trasladar los residuos a Pérez, aunque esto implicaría un fuerte aumento en los costos logísticos tanto para privados como para el Estado local.
Más kilómetros, más combustible y menos viajes diarios forman parte de una ecuación que terminaría impactando directamente en el bolsillo de los vecinos y en las cuentas municipales.
También hubo intentos de gestionar alternativas temporales en localidades cercanas, aunque desde Roldán no habrían mostrado disposición para recibir los residuos de Funes, cerrando así otra posible salida de emergencia.
Mientras tanto, la ciudad sigue generando residuos todos los días y la administración municipal todavía no anunció una solución concreta. Lo que durante años funcionó como el principal punto de descarga de la ciudad hoy se transformó en una crisis política, ambiental y operativa que pone bajo presión a toda la gestión local.
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2026-06-11 12:40:59
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